sábado, 4 de febrero de 2012

La révolution des pronoms.


Quisieron contar su historia desde el final.

Así que siguió haciéndose el muerto hasta que lo que se desataba dentro de él se materializó entre sus piernas, y Lorie, antes de querer matarlo por la broma, se lanzó en picado contra el cristal que los separaba, quebrándolo en mil pedazos; allí en la ciudad del amor.

Pero a él le encantaban las bromas, y sabía que se estaba pasando, pero no podía darse por vencido ahora que sentía que la piel de Lorie, tan desnuda como él (como nunca antes, en todos los sentidos), rozaba su piel, haciendo estallar su revolución.

- Je ne serai Lorie, ni tu seras Aaron. Jamais. Je serai Moi, et tu seras Toi. Et nous deux serons ce que nous voudrons être.- Pero los ojos de él seguían cerrados y su piel cada vez más fría.

Tiró el cigarro, ya no quería mas; lo enterró entre las hojas junto con todo lo que su (corta) vida le había puesto encima, con su nombre. Lorie acercó en silencio sus labios a los de Aaron y los gaseó con el humo turbio de sus pulmones. Él tenía los ojos cerrados. Ella la piel casi más congelada que la de él, y ese cigarro entre los dedos, recién estrenado. Lo había encontrado.

Y cuando le llevó la suficiente ventaja a Lorie, se tiró al suelo, desfallecido, con los ojos cerrados y la respiración extinta. Antes de que ella pudiera impedirlo, él salió corriendo entre los árboles como lo hacía en la ciudad. Después acabaron con el miedo.

Dio la primera calada a ese cigarro. Se levantó, buscó entre la tierra una pitillera zafiro, perla y rubí; sacó uno de los cada vez menos Marlboro que guardaba dentro y se lo encendió. Dejó de importarles a ambos lo que pudiera ver el otro en ellos. Él más fuerte, ella más frágil; él más protector, ella más alegre; él más canalla, ella más dulce; él más impulsivo, ella más salvaje; él más extrovertido, ella más exiliada; él más imponente, ella más atractiva; él más alto, ella más sutil; él más experto, ella más inocente; él menor, ella setecientos diez segundos mayor. La sonrisa de él, los ojos de ella. Eran tan diferentes… Se miraban el uno al otro: nunca lo habían hecho. Frente a frente, comenzaban a sentir septiembre en sus cuerpos desnudos de adolescentes. En silencio, se desnudaron. Primero asesinaron la vergüenza.

El suelo, húmedo por el embrujo de la luna llena que decían atraía a los hombres lobos en la ciudad, estaba cubierto de hojas secas. Ambos fumaban cigarros sacados de una pitillera tricolor. Se cogieron de la mano y huyeron donde las calles nocturnas de septiembre comenzaban a esfumarse entre árboles y miles de árboles más.

Esa ciudad bañada por un agua a la que los malos tiempos hicieron moverse contra corriente, obligándote a leer de abajo a arriba, punto por punto. Ese día de septiembre de un año que había olvidado el número que le daba nombre, ambos decidieron acabar su insurrección en la ciudad que los había visto nacer, en esa que (como ellos) llevaba una R mayúscula sobresaliendo en la mitad de su nombre, esa que tanta sangre había derramado, pionera revolucionaria.

Ella decidió cerrar los ojos e imaginar, y poco a poco eso fue consumiendo su tiempo, hasta que un día le dolieron tanto los ojos cuando los abrió que decidió que había volado demasiado lejos. Aaron mordió el asfalto una y otra vez, pero olvidó el dolor, y comprendió que si se lo proponía nada podía pararle los pies. Él decidió que al menos la ciudad, tan o más revolucionaria que él, no podía ser su contrarrevolución; y se la follaba volando entre edificios, saltando los muros más altos y corriendo sobre las vallas.

Lorie y Aaron, a pesar de haber crecido juntos, sólo creían compartir sus apellidos, su ADN y su revolución. Cadenas que les venían dadas. Esa era su mayor cadena, y  a partir de ella decidieron acabar con todas las demás. Él lo hizo setecientos diez segundos después que ella. Habían nacido del mismo útero, de los óvulos y espermatozoides de la misma mujer y el mismo hombre.



***
Este relato participó en el concurso 700 en pArís de http://micamisadelasuerte.blogspot.com/ y se nombró en la revista de http://roseflockhart.blogspot.com/ . 

1 comentario:

Andrea Neptune dijo...

¿Sabes? ¡Me has convencido, me quedo! :) Te sigo desde ya. El relato ha sido más que precioso, además del impactante final. Me ha recordado a una trama que tengo en un foro de rol, en el que mi personaje y su hermano mellizo se atraen físicamente y comparten algo más allá de una simple relación de hermanos. Me ha gustado muchísimo tu forma de escribir, el blog es genial :3
Te sigo por Twitter también.
¡Besos!